OBG Diggers: Si te gusta Gorillaz, también podés escuchar esto
Gorillaz nunca fue una banda de un solo género. Desde su debut en 2001, el proyecto de Damon Albarn (Blur) y el ilustrador Jamie Hewlett construyó su identidad a partir de la mezcla: hip hop, dub, trip hop, pop electrónico, art-rock, todo filtrado por una estética de banda de dibujos animados y una lista interminable de colaboradores invitados. Esa lógica de collage —tomar de acá y de allá, borrar las fronteras entre géneros "cultos" y "populares"— tiene una genealogía propia. Estos cinco discos son puntos de referencia directos o espirituales de ese universo: productores de culto, colaboradores reales de la banda, y discos que entendieron antes que nadie que el futuro de la música iba a ser mestizo.
1. Deltron 3030 — Deltron 3030 (2000)
Antes de que existiera Gorillaz, ya existía esta trilogía: Del the Funky Homosapien en las voces, Dan the Automator en la producción, Kid Koala en los platos. Un disco conceptual de ciencia ficción, con un MC futurista peleando contra corporaciones en un año 3030 imaginado desde el hip hop underground de California. Del the Funky Homosapien terminó prestándole su voz al personaje animado Del tha Ghost en los primeros discos de Gorillaz —la conexión no es casualidad, es historia directa.
Nota del editor: Dan the Automator es la bisagra invisible entre este disco y el universo Gorillaz: mismo gusto por lo cinematográfico, mismo amor por el sample como narrativa.
2. De La Soul — 3 Feet High and Rising (1989)
Antes de que Gorillaz existiera, De La Soul ya habían demostrado que el hip hop podía ser lúdico, psicodélico y ajeno a cualquier postura de dureza callejera. 3 Feet High and Rising es un collage de samples imposibles —de Steely Dan a programas de radio francés para aprender inglés— unido por un humor absurdo y una calidez poco común en el género. La conexión no es solo estética: De La Soul terminaron siendo colaboradores reales de Gorillaz, poniendo la voz en "Feel Good Inc.", uno de los temas más grandes de la banda.
Nota del editor: Escuchar este disco es entender de dónde viene ese espíritu de "todo cabe si está bien mezclado" que después definiría a Gorillaz.
3. Handsome Boy Modeling School — So... How's Your Girl? (1999)
Dan the Automator otra vez, ahora junto a Prince Paul, bajo un alter ego colectivo inspirado en un episodio de Chris Elliott: dos productores disfrazados de excéntricos profesores de una "escuela de modelos". El disco funciona como una fiesta de colaboradores —De La Soul, Del the Funky Homosapien, Sean Lennon, entre otros— unidos por el humor, el sample y una identidad de banda ficticia construida alrededor de dos productores que se esconden detrás de personajes. Es, básicamente, el molde conceptual que Albarn y Hewlett llevarían un paso más allá con animación de por medio.
Nota del editor: Si a Gorillaz le sacás los dibujos animados de Jamie Hewlett, lo que queda es exactamente esta idea: productores anónimos, personajes inventados, un desfile de invitados.
4. The Avalanches — Since I Left You (2000)
Miles de samples, cortados y pegados con una precisión casi obsesiva, para construir un disco que suena como un carnaval eufórico y melancólico al mismo tiempo. The Avalanches llevaron el arte del collage sonoro a un lugar casi pop, accesible, bailable. Es el mismo espíritu lúdico y maximalista que después encontraría en Gorillaz una versión con banda visual y personajes propios.
Nota del editor: Tardaron 16 años en sacar el disco siguiente. Este quedó como una anomalía perfecta: un disco-collage que nadie más pudo replicar del todo.
5. Beck — Odelay (1996)
Nadie mezclaba géneros con tanta soltura como Beck a mediados de los 90: folk, hip hop, funk, ruido, todo conviviendo en la misma canción sin fricción aparente. Odelay es el disco que normalizó la idea de que un artista podía saltar de estilo en estilo dentro de un mismo álbum sin perder identidad —la misma libertad genérica que Gorillaz explotaría después con Albarn como centro de un caleidoscopio de colaboradores.
Nota del editor: Beck y Albarn comparten algo más que influencias: los dos entendieron temprano que el "artista total" del siglo XXI iba a ser tanto productor como frontman.
Ninguno de estos cinco discos suena como Gorillaz de manera literal. No hay ningún riff calcado, ningún productor que haya trabajado directamente en Demon Days buscando repetir una fórmula. Lo que comparten es algo más profundo: la convicción de que un disco no tiene por qué quedarse dentro de un solo género para tener identidad propia, y que un productor —con la sampler, la consola o un personaje inventado como herramienta— puede ser tan autor como cualquier cantautor con una guitarra. Esa es, en el fondo, la lección que Damon Albarn y Jamie Hewlett llevaron al extremo: convertir el collage en un lenguaje propio, con una banda de dibujos animados como excusa perfecta para no tener que elegir un solo estilo nunca más.
Si este recorrido te dejó con ganas de más, la buena noticia es que cada uno de estos cinco discos abre una puerta a toda una escena: el hip hop conceptual de la costa oeste, el sample-based de fines de los 90, el circuito de colaboradores que rodeaba a Dan the Automator y Prince Paul. Como siempre en OBG Diggers, esto es apenas el punto de partida.
OBG Diggers es una selección curada de cinco discos esenciales para entender un género, una escena o un momento. Esta semana: las raíces sonoras de Gorillaz.



